Del ruido de los aviones
Domingo, 26 de julio, calor, típico calor de verano, enganchoso y húmedo sin embargo no me afecta: primer concierto en formato acústico y minimalista de Covertura; esa aventura musical bañada entre vino y sonrisas, alentada entre jamón y acordes. Tres eran tres. Siempre he creído en el misticismo de este número y mira por donde en Covertura también somos tres. Diferentes pero no diferenciados, apasionados de y por la música. Yo, el último allegado, me considero un poco introducido, pero al fin y al cabo, bien recibido. Los primeros ensayos estuvieron marcados por una mezcla entre descubrimientos y escepticismo, que se diluyeron mientras las notas sonaban transportadas hacia el balcón. ¿Nerviosismo? Bueno, pues la verdad es que hasta que no estuvimos 1 minuto antes de tocar no, luego, los pequeños "fallos" del directo y la falta de práctica en esto de los escenarios.

Recibo a mis compañeros para recoger instrumentos y ver si hacemos un último ensayo, desestimado para no romper ese halo de misterio: ¿saldrá bien? Después de unos retoques con el GPS y ciertos titubeos de la ubicación final partimos hacia la playa del Prat, esa gran desconocida tan cerca y tan lejana puesto que se haya bastante apartada de la ciudad, supongo que la presencia del aeropuerto tiene algo que ver. Mientras llegamos, vemos la panza de un enorme avión y pienso en voz alta: ¿Y esto se oirá? Duda que se despejó al no escuchar nada ni de despegues ni aterrizajes, una gran suerte. Iniciamos las labores de descarga de nuestros pertrechos. El lugar parece idílico, chiringuito playero a pie de playa con sus mesas y sillas y un espacio para escenario, todo arrán de arena. No hace demasiado calor ahora, después de una refrescante cerveza empieza el jaleo del montaje que se alargaría casi en tres horas; nosotros, resignación, somos los últimos en probar pero los primeros en salir, gajes de ser teloneros, por esta vez. Ante la disyuntiva nos ponemos a sacudirnos el apelmazamiento de los dedos y las cuerdas vocales; de nuestras correrías salen verdaderas joyas rescatables en otro momento. Van viniendo conocidos, amigos, simples espectadores y la noche va cayendo; me quedo con la imagen del sol poniéndose y el rumor lejano de la silueta de un avión. Falta la foto. Casi anocheciendo probamos los micros y utensilios para el concierto, las pruebas de sonido parece que va bien y arrancamos unos aplausos que saben a gloria: Y ESO QUE NO HEMOS EMPEZADO!!! Después, nos apremian para el inicio, tenemos 5 temas que vamos desgranando llegando al cénit con Los Piratas y su Equilibrio: si desde fuera se siente como lo siento yo seguro que estarán en otro planeta. Siguen dos canciones, con su más y sus menos; parece que gusta, salvando pequeños fallos técnicos de última hora damos paso al otro grupo. Antes de haber acabado ya me ha sabido a poco, tendremos que hacer más, el cuerpo nos lo pide y eso es lo importante. Luego, el relajo y a disfrutar del final de la velada. Y del ruido de los aviones: NADA. Covertura en acción.




Comentarios sobre Del ruido de los aviones
Y sin dejar de ser el mismo sabio que para hacer poesia...
... solo tenia que mover los labios